sábado, 4 de abril de 2009

Desde un cristal




Monte recóndito muéstrame por un instante tu velo hoy ausente
Déjame apreciar la vida que bañas desde las alturas,
Tus caderas desplazadas y vibrantes saludan mi despedida
Lujuria inquietante renace en amaneceres perpetuos
Cada parte perpleja bajo la sombra de un testigo infinito,
Que no hace más que cubrir con sus brazos y acompañarte…

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